Agricultura biodinámica con niños

¿Por qué debemos cultivar jardines biodinámicos con los más pequeños de la casa? La respuesta está en nuestro derecho de nacimiento como seres vivos: necesitamos conectar con nuestra Madre Naturaleza. Practicar la agricultura biodinámica con niños es beneficioso en todos los sentidos. A nosotros los adultos nos brinda la oportunidad de inspirar y fomentar un cuidado responsable para con la naturaleza; para los niños es un mundo en el que expandir y dejar fluir su energía de forma saludable.

Antes de entrar en detalle en los beneficios de la agricultura biodinámica con niños, vamos a hacer un breve repaso por lo que entendemos por agricultura biodinámica, la que como bien sabéis utilizamos para cultivar nuestras granadas en Granalma. La agricultura biodinámica, descrita por primera vez por Rudolf Steiner en 1924, es una forma de cuidar la tierra y sus habitantes que es consciente de la VIDA (Bio) y el MOVIMIENTO (Dinámica). Rudolf Steiner dijo a los agricultores, maestros y médicos que el planeta Tierra necesitaba algo más que una práctica de vida “sostenible”. Para su propia supervivencia, el Planeta Tierra y todos sus componentes y habitantes necesita que los seres humanos participen activamente en la sanación de la Tierra. Ayudar al Planeta Tierra también nos ayuda a los seres humanos.

En la agricultura biodinámica, las medicinas para fortalecer y equilibrar el suelo, las plantas y la atmósfera se conocen como preparados. Precisamente el uso de estos preparados lo que distingue la agricultura biodinámica de otras como por ejemplo, la orgánica. Lo que hace especial a estos preparados es que no utilizan químicos para la erradicación de formas de vida no deseadas (pulgones y otras plagas). Por ejemplo, en Granalma, para cultivar nuestros granados elaboramos nuestros preparados o purines hirviendo plantas que no son tóxicas para los insectos como las mariquitas.


¿Cómo se cultiva un huerto biodinámico con los niños?


Cada vez son más los educadores de infantil que tienen en cuenta los elementos del agua, la tierra, el aire y el fuego en sus programas educativos. La observación e identificar las formas y texturas de la naturaleza (espirales, burbujas, arena, plumas…) siempre es emocionante para la curiosidad de los más peques. Los niños quieren aprender sobre el agua, el fuego y el aire.

Comencemos con la dinamización del agua. Al utilizar un palo o nuestro brazo para remover el agua en un cubo o en una bañera, creamos planos que forman una espiral que desemboca en un vórtice. Cuando el agua se agita en sentido contrario, se produce un caos, y la forma anterior se pierde en las burbujas y la precipitación de todos los planos entre sí. Este es ahora el arquetipo de toda la creación: una forma particular se convierte en un caos hasta que surge otra forma. Esta actividad puede realizarse en el interior o en el exterior. Es una tarea lúdica, inspiradora, terapéutica y útil desde el punto de vista medioambiental para ayudar a la buena energía que podemos crear.


Después de que todos hayamos tenido turno para dinamizar el agua, es momento de distribuir los preparados o purines que hayamos preparado en cuencos más pequeños. Ahora utilizando nuestra mano, repartimos la medicina curativa en la tierra. Esta actividad de distribución del preparado biodinámico dinamizado es en sí misma mística. Cuando los niños sumergen la mano en sus cubos y lanzan las gotas de agua en dirección a la tierra, sienten el gesto de bendición. Es un regalo de ellos mismos hacia lo que sea y donde sea donde que caigan las gotas de agua medicinal.

¿Cómo realizamos las tareas de jardinería biodinámica con los niños?


Después de que los peques hayan descubierto la misión curativa de la agricultura biodinámica, es hora de ponerse manos a la obra.

Las tareas de jardinería que podemos realizar con ellos incluyen: cavar la tierra con el beneficio adicional de descubrir lombrices, insectos y otros tesoros y hacer hogares para los animales. Airear la tierra; regar los jardines, a veces con jugo de lombriz o abono para las malas hierbas. Rastrillar las hojas; moler las piedras y esparcir el polvo de roca resultante en los lechos del jardín. Plantar semillas; recoger las plantas moribundas o muertas para hacer de abono. Cosechar hojas, bayas, flores o hierbas. Crear vallas con palos de árboles y, a veces, con cuerda; podar arbustos y árboles. Plantar árboles; recoger mantillo de árboles en carretillas para llevarlo a los lechos de jardín apropiados. Recoger cenizas de las ascuas para endulzar el suelo de los lechos de jardín. Distribuir posos de café para fertilizar el suelo con nitrógeno.


Y ahora que ya sabéis los principios de la agricultura biodinámica con niños, ¡es momento de ponerlo en práctica! Aprovechad un finde con ellos para mostrarles cómo cuidar de la madre naturaleza y practicar una agricultura sostenible.


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